lunes, 16 de julio de 2007

Terminó hecha bolsa

Por Martín Porcel de Peralta

Ocurrió lo inevitable. Felisa Miceli presentó la renuncia por las derivaciones del hallazgo de la bolsa de papel con dinero, que fue encontrada en su despacho. Sucede que hoy el fiscal federal Guillermo Marijuan la llamó a declaración indagatoria en carácter de imputada por los delitos de encubrimiento de operaciones financieras, sustracción de documento público y lavado de dinero.

Una vez conocida la noticia del dinero encontrado en el baño de su despacho, Miceli dio una débil explicación. Argumentó que su hermano Horacio le prestó la mayor parte de la suma, y que la iba a utilizar para comprarse una casa. Además, aseguró que iba a depositar los 100 mil pesos y 31.670 dólares encontrados en una cuenta que tiene en el Banco Nación.


El fiscal pudo comprobar el origen del dinero gracias a que los 100 mil pesos estaban envasados al vacío y tenían una etiqueta numerada del Banco Central. Con este dato, descubrió que el fajo de billetes fue del Central a la Caja de Crédito Cuenca, una financiera del partido bonaerense de San Martín.

La situación de la ex ministra se complicó porque en las planillas de la entidad financiera no existe registro alguno de la salida de ese monto a nombre suyo o el del hermano. Al no estar registrada, la plata encontrada estaba “en negro”. Si Miceli depositaba el dinero como había explicado, lo hubiera “lavado”, delito tipificado en el Código Penal con una pena de dos a seis años.

La ex presidenta del Banco Nación había recibido el respaldo de Néstor Kirchner hace dos semanas. Sin embargo, el Presidente supeditó su permanencia al frente de Economía a que explique ante la justicia el suceso. Ante el avance de la investigación, la situación de Miceli se hizo insostenible.

El nuevo:

Alberto Fernández anunció que el reemplazante de Miceli es el secretario de Industria, Miguel Peirano. El funcionario, que estará en el cargo hasta que Néstor Kirchner termine el mandato, viene del desarrollismo, tiene 40 años y cultiva un perfíl productivista.

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domingo, 15 de julio de 2007

TBA: subsidios, monopolio y vaciamiento

Investigación: parte III



Mientras más plata, peor servicio


Consultado sobre la problemática de los trenes, el ex diputado socialista y representante legal de Consumidores Libres, Héctor Polino, explica que los beneficios de TBA radican en “las vinculaciones políticas entre el grupo Cirigliano y el Gobierno”. Por eso argumenta indignado: “Es inconcebible que los dueños de la concesión de trenes posean al mismo tiempo varias empresas de colectivos, que también están subsidiadas”.

El ex diputado socialista, que durante su mandato presentó varios proyectos de ley para retirar las concesiones vigentes en el sistema ferroviario, critica especialmente a la Secretaría de Transporte: “El trabajo de Ricardo Jaime en estos cuatro años es muy malo. No controla a las empresas de transporte en general y menos a las ferroviarias. Parecería más un vocero de los privados que un representante del interés público. Se mantiene en su cargo porque cuenta con el aval de las autoridades que están encima suyo: el ministro de Planificación (Julio De Vido) o el Presidente”.

Polino, además, opina que por las mismas razones por las que le sacaron la concesión de las líneas San Martín, Roca y Belgrano Sur a Sergio Tasselli, habría que quitarle el manejo del Sarmiento y el Mitre a TBA. Sin embargo, el Gobierno nacional hizo todo lo contrario a lo que reclama el ex diputado al crear la Unidad de Gestión Operativa Ferroviaria (Ugofe) – de la cual forman parte TBA, Ferrovías y Metrovías – para hacerse de las líneas retiradas a Metropolitano.

Las críticas de Polino (a quien le fue ofrecida la Secretaría de Medio Ambiente antes que a Romina Picolotti) apuntan a uno de los aspectos más controvertidos del Gobierno de Néstor Kichner: la política de subsidios al transporte público. Es que durante la actual gestión, el monto asignado a ese sector pasó de 461 millones de pesos en 2003 a 2247 millones previstos en el presupuesto de este año. En el caso específico de los trenes, las concesionarias recibirán durante este año 974 millones de pesos, un 25 por ciento más que en 2006.

En rigor, las cifras de las subvenciones comenzaron a incrementarse a partir de 2002, cuando el Poder Ejecutivo entonces a cargo de Duhalde tomó la decisión de destinar mayores fondos a las empresas de transporte público por los aumentos en los sueldos y en los gastos de energía y combustible, con el objetivo de mantener congeladas las tarifas. A pesar de la medida, las empresas continuaron presionando con sus quejas y tuvieron sus frutos. A partir de 2006, el Ministerio de Planificación aprobó una resolución que incorpora a esos rubros los gastos correspondientes a materiales, repuestos, mantenimientos por terceros, honorarios por gerenciamiento y seguros. Pasando en limpio, los concesionarios de los ferrocarriles reciben actualmente unos 2,7 millones de pesos por día. A pesar de ello, los contratistas dicen que las subvenciones no alcanzan para cubrir los gastos y obtener una rentabilidad razonable, debido al bajo precio en dólares de las tarifas (0,22 centavos de dólar).

Sin embargo, especialistas advierten que a las concesionarias de trenes las cuentas les cierran perfectamente. Elido Veschi, secretario de la Asociación del Personal de Dirección de Ferrocarriles Argentinos (APDFA), estima que los costos operativos de la zona metropolitana, medidos en la unidad convencional tren-kilómetro, rondarían los 18 pesos. En cambio, los ingresos de estas empresas serían de 43 pesos por tren-kilómetro si se suman los subsidios, los ingresos por boletos, el alquiler de locales comerciales y la publicidad. Esto daría una rentabilidad de más del 140 por ciento.

Desde el punto de vista de Polino, no está mal que las empresas reciban subsidios para mantener tarifas populares, pero la calidad del servicio debería ser eficiente. “A diferencia de lo que pasa en el resto del mundo, donde las empresas prestan muy buenos servicios, acá se subsidia y el funcionamiento de los trenes es pésimo”, fustiga el ex diputado nacional. Por eso denuncia la ineficacia del órgano de contralor: “El Estado no controla en qué, cómo y cuánto invierten las concesionarias. Así abultan gastos y sobreestiman el valor de los insumos. Ejemplo de ello son los ventiladores de trenes, que figuran en sus cuentas con un costo tres veces superior al valor de mercado. En el país se habla de precios y tarifas, pero no de costos”.

En el mismo sentido, el periodista y economista Maximiliano Montenegro explica que TBA argumenta que no le cierran las cuentas porque “contabiliza falsos costos millonarios como honorarios en concepto de gerenciamiento, inspección de vías e informes técnicos”.

En conclusión, Polino asegura que en la situación actual los subsidios no cumplen su función y sólo sirven para que las empresas “se llenen los bolsillos”. Además, espera que “no suceda una catástrofe para que se tome real dimensión del problema que significa la falta de inversión”.

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sábado, 14 de julio de 2007

TBA: subsidios, monopolio y vaciamiento

Investigación: parte II

¿Quiénes manejan TBA?

Mario y Claudio Cirigliano son, respectivamente, presidente y vicepresidente del Grupo Plaza, principal accionista de TBA, la empresa que gerencia la concesión del ex Ferrocarril Sarmiento y del ex Ferrocarril Mitre. Además, el grupo es dueño del Consorcio Metropolitano de Transporte S.A., sociedad formada por pequeñas y medianas empresas del autotransporte de pasajeros que opera trazas equivalentes a 2300 km de longitud, empleando un parque móvil de 1454 vehículos y una dotación de tres mil personas. Las concesiones del grupo llegan hasta Brasil, donde manejan el subterráneo de Río de Janeiro. También controlan la empresa Emfer (industria ferroviaria) y Baires Comercial S.A. (industria automotriz), vinculaciones que se desarrollarán más adelante, cuando se discutan los sobreprecios pagados por el Estado en la compra de repuestos y nuevo material rodante. En total, 9915 personas trabajan para este grupo que, en Argentina y el exterior, transporta a más de 12 millones de pasajeros por día.

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viernes, 13 de julio de 2007

TBA: subsidios, monopolio y vaciamiento

Investigación: parte I

Cada vez son más las voces que se alzan contra el deficiente servicio que presta Trenes de Buenos Aires (TBA). Trabajadores, delegados sindicales, políticos opositores, periodistas y agrupaciones de usuarios y de defensa al consumidor coinciden en sus cuestionamientos a la empresa de los hermanos Mario y Claudio Cirigliano y se preguntan por qué el Gobierno nacional no le quita la concesión, como lo hiciera con Trenes Metropolitanos, de Sergio Taselli.

En los últimos días, TBA estuvo en el centro de la escena por razones poco felices. Es que el juez federal Ernesto Marinelli determinó que la empresa tendrá que pagar una multa diaria de 10 mil pesos hasta que mejore el servicio a los usuarios de la ex línea Sarmiento. La denuncia –apelada por TBA- se debe al trato desigual que los pasajeros del Sarmiento reciben con respecto a la ex línea Mitre, de la misma empresa. Asimismo, el miércoles 4 de julio el Senado dio media sanción a un proyecto que contempla la creación de dos sociedades estatales que custodiarán el funcionamiento de las concesionarias de los trenes, tras los múltiples inconvenientes de los últimos tiempos.

Por eso muchos se repiten la misma pregunta: ¿Qué hace falta para que el Gobierno le quite la concesión a TBA? A lo largo de la investigación trataremos de dar una respuesta. Pero primero, algo de la triste historia de los trenes en Argentina.

Dos décadas de desinversión

Poco queda hoy de aquellos trenes nacionalizados durante el primer Plan Quinquenal del peronismo. Bautizados por el mismo presidente Perón con los nombres de próceres argentinos (Sarmiento, San Martín, Urquiza, Mitre, Roca), los trenes del área metropolitano de la Ciudad y Gran Buenos Aires son casi los únicos que siguieron funcionando luego de la política del presidente Menem de: “Ramal que da pérdida, ramal que cierra”. Sin embargo, las condiciones del servicio, ahora privatizado, están lejos de satisfacer a usuarios y especialistas en el tema.

Al caso concreto de TBA le corresponde la concesión de las líneas Sarmiento y Mitre, que en la actualidad incluyen, en conjunto, más de 94 km de vías en el ramal electrificado; 274 km en el ramal diesel; un servicio interurbano que une las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Santa Fe; 97 estaciones; una flota de 416 coches eléctricos, 40 locomotoras y 73 coches remolcados. Y sin embargo, estas son las cifras actualizadas, es decir, posteriores al profundo proceso de vaciamiento que los hermanos Cirigliano llevaron adelante en su porción del sistema ferroviario argentino, que en sus mejores épocas supo ser líder y ejemplo para toda América latina.

Los principales argumentos que se utilizaron para privatizar durante la década menemista son los siguientes: entre 1960 y 1990 la cantidad de pasajeros había disminuido en 275 millones de personas; a fines de la década del 80 el sistema brindaba prestaciones deficientes y tenía un déficit anual cercano a los 335 millones de dólares (el famoso millón de dólares por días); sólo en un año, hubo más de 239 mil trenes cancelados o demorados. Así se llegó, en noviembre de 1991, a la licitación pública que ganó la recién creada empresa de los hermanos Cirigliano por haber sido la que menos subsidios le exigía al Estado (439 millones de dólares por diez años de concesión, contra los 851 y 1455 millones de la segunda y tercer oferta)

Una vez concesionado el sistema, la demanda de transporte creció un 124 por ciento, pero la oferta de servicios, medida en coches por kilómetro de vía, se incrementó sólo en un 59 por ciento, según datos de la misma empresa. Y esto fue en la mejor época del servicio privatizado. A partir de 1999, la recesión de la economía argentina impulsó el incumplimiento de los aportes contractuales del Estado, lo que a su vez justificó el respectivo incumplimiento de los privados y la total desinversión en mantenimiento, infraestructura y modernización de equipamientos rodantes. En 2001, el Estado, a través de un decreto firmado por el entonces presidente De La Rúa, reconoció la deuda contraída con la empresa y propuso cancelarla con bonos de deuda externa y un acotado aumento de tarifas. A cambio, TBA se comprometió a una serie de proyectos (provisión de nuevos coches eléctricos, renovación de vías, modernización de los sistemas de señalización, eliminación de los pasos a nivel, obras de electrificación, etc.) que aún hoy permanecen inconclusos.

¿La excusa para este nuevo incumplimiento? Ya en 1999, distintas presentaciones judiciales realizadas por el Ombdusman de la Nación y por agrupaciones de usuarios, había impedido el aumento de tarifas. TBA argumentó luego que sin estos fondos adicionales la empresa apenas si podía seguir funcionando, mucho menos reinvertir ganancias. A esto se le sumó el incremento de la presión tributaria de un Estado cada vez más insolvente: en 2001 el IVA fue incluido en el transporte con una alícuota del 10,5 por ciento, el impuesto a la transferencia de combustibles aumentó un 67 por ciento y las contribuciones patronales un 36 por ciento. La crisis política y económica posterior (2001/2002) sólo empeoró esta situación.

Debido al alto nivel de desocupación que generó la crisis, la demanda de transporte, y su consecuente venta de pasajes disminuyeron un 25 por ciento. Apoyándose en estas cifras y en el impacto resultante de la devaluación del peso sobre los insumos importados, las empresas privatizadas consiguieron que el presidente Duhalde dictara la “Emergencia Ferroviaria”, que de hecho suspendía todas las obras de inversión a la vez que beneficiaba a los privados con fondos de un Fideicomiso proveniente de los impuestos al gasoil. A cambio, lo único que debían hacer las empresas era no aumentar los precios de sus pasajes.

Así llegamos, a grandes líneas, a la situación actual.

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martes, 3 de julio de 2007

En Santa Fe, no hay nada definido

Por Martín Porcel de Peralta


Luego de que el domingo pasado se realizaran las segundas elecciones primarias, internas, abiertas y obligatorias en Santa fe, quedó una certeza: el camino que deberá transitar el diputado socialista Hermes Binner para acceder a la gobernación no será tan despejado como preveían las encuestas.

Sucede que los estudios de opinión adjudicaban a Binner una diferencia contra cualquiera de los dos candidatos del Frente para la Victoria (FPV), de más de 30 puntos. Por lo tanto, montados en los alentadores números, desde las huestes del Frente Progresista, Cívico y Social esperaban obtener una clara ventaja de alrededor de 10 puntos en los comicios del pasado domingo, que diera por cerrada la elección del 2 de septiembre.

Pero nada de eso ocurrió. Más bien todo lo contrario. Las primarias no sólo definieron que el diputado Rafael Bielsa le ganó a su compañero de bancada Agustín Rossi la disputa por la candidatura a gobernador del FPV. Además, sirvieron para revitalizar a la estructura partidaria del PJ, que se hizo sentir sobre todo en el interior de la provincia donde el oficialismo sumado duplicaba y triplicaba a la lista de Binner.

De esta forma, el “aparato” no sólo fue fundamental para que Bielsa duplique a Rossi en la interna oficial -65% a 35%-. Además, permitió que sumados los votos de los dos candidatos kirchneristas superaran por menos de dos puntos a los de Binner -46,5% a 44,7%-. En rigor, a pesar de la derrota partidaria, el ex intendente de Rosario fue el más votado y sigue teniendo las mejores chances para acceder al sillón del Brigadier Estanislao López.

Es que el candidato del Frente Progresista no competía contra nadie e igual consiguió más de 600 mil sufragios, sustentado, sobre todo, en la excelente elección que hizo en Rosario, ciudad de la que fue intendente en dos períodos. El número es similar al obtenido en las elecciones a gobernador de 2003, cuando fue el candidato más votado pero perdió por la derogada Ley de Lemas, y en las legislativas de 2005, donde resultó ganador.

Pero la cantidad de ciudadanos que eligieron a Binner no sorprendió a nadie. La novedad fue que el FPV tuvo un gran rendimiento que entusiasma a sus dirigentes y seguidores. Por eso, una vez conocidos los resultados, Bielsa se reunió en la mañana del lunes con Rossi en el mítico bar El Cairo, donde acordaron trabajar en conjunto para obtener el triunfo. Ambos candidatos desarrollaron una campaña sin agresiones y con propuestas similares. No parece imposible que los votos de Rossi se vuelquen al ex canciller.

Además, con el objetivo de alinear a todo el peronismo santafecino, Bielsa también recibió la bendición del gobernador Jorge Obeid y de Carlos Reutemann. El apoyo del senador es un dato muy importante: según los encuestadores, es junto a Binner el político con mejor imagen en la provincia.

Así las cosas, el Gobierno ve que ahora la posibilidad de retener Santa Fe no es una quimera. Allí comenzará a desplegarse toda la maquinaria nacional para obtener un triunfo que sería devastador para las aspiraciones de la oposición en octubre. Bielsa sabe que cuenta con los apoyos de Néstor Kirchner y la reciente candidata Cristina Fernández. El Presidente aprovechará la alta imagen positiva que cosecha en la provincia y se mostrará junto a su candidato en un acto, el 12 de julio.

Los socialistas y sus aliados no cuentan con una estructura tan grande y aceitada. Por lo tanto, para asegurarse el triunfo apuestan todas sus fichas a captar el alto porcentaje de voto en blanco, que fue de más del 15 por ciento.

Sin embargo, la cantidad de electores descontentos en los comicios del 2003 fue similar y cada vez son menos los que van a votar. Fuera de cualquier especulación, el dato inocultable es que hay una importante franja de santafecinos, en especial jóvenes, que descreen de las propuestas y no confían en ningún candidato.

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