El Martín Fierro de José Hernández es, sin duda, una de los más grandes clásicos de la literatura argentina. Y aunque esta fecha parece haber pasado desapercibida, este 28 de noviembre, la obra cumple nada menos que 135 años. Tal vez fue por eso que este año el cine argentino decidió volver a homenajearlo (ésta no es la primera película del gaucho, aunque sí la primera de animación), a su manera.
Y es que si bien la película cuenta con los inmortales dibujos de
Roberto Fontanarrosa, la producción del film deja al espectador con la sensación de que al cine argentino aún le falta un largo camino para recorrer antes de poder ponerse a tiro, no de la competencia de los grandes estudios de Hollywood, sino de la calidad de los clásicos argentinos que pretende llevar a la pantalla grande. Estamos acostumbrados a discutir sobre la profesionalización o no profesionalización del rugby, ¿por qué no empezar a plantearnos la necesidad de abandonar una forma de hacer cine que, en muchos casos, parece amateur y dependiente de la buena voluntad del espectador? Escenas dibujadas una vez y luego repetidas dos, tres, cinco veces; personajes secundarios mal construídos; una buena música de fondo interrumpida por canciones de mala calidad que explian todo lo que uno acaba de ver en la pantalla... La persona que disfrute de la pluma de Fontanarrosa o de las coplas de Hernández, disfrutará también de la película; pero el que se acerque al Martín Fierro a través de la película, tal vez no vea más que un dibujo animado no del todo logrado.


