Por Tincho
El cambio recién comienza, pero el rumbo se ratifica. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, dio a conocer el Gabinete que trabajará durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, y una lectura posible nos indica que la interna entre De Vido y Fernández continuará en estos cuatro años.
En rigor, la confirmación en su cargo del Ministro de Planificación puede sorprender a la gente de a pie, pero no a los empresarios que hicieron lobby para que permanezca en el ministerio. Es que más allá de las sospechas de corrupción que recayeron sobre funcionarios de su cartera, De Vido ha sabido cosechar una muy buena relación con las privatizadas y supo constituirse en el garante de la relación energética –fundamental para capear las crisis- entablada con Bolivia y Venezuela, los principales proveedores de gas y petróleo de la región. Kirchner y Cristina tienen una certeza: tarda mucho tiempo preparar a otro funcionario de cero para desempeñar una tarea tan compleja.
Además, la presidenta electa entiende que con el patagónico en el Gabinete, el poder de Alberto Fernández se recorta, y, por lo tanto, su margen de acción queda acotado. Se produce una suerte de difícil equilibrio –no desprovisto de tensiones- entre los dos hombres fuertes del Gobierno. Resta saber que otros hombres conformarán Planificación. La incógnita principal gira alrededor de la permanencia del cuestionado secretario de Transporte, Ricardo Jaime, quien tendría poco margen para mantenerse en su cargo.
Pero más allá de algunos cambios, queda claro que con Cristina, Alberto y De Vido también estarán forzados a convivir y compartir el poder. Por lo menos, por ahora.


