viernes, 18 de mayo de 2007

Recuerdos de la Guerra Fría

Por Hernán Comastri

Condoleezza Rice, Secretaria de Estado de la Casa Blanca, admitió el lunes pasado que las relaciones de su país con Rusia no pasan por un buen momento. Mientras que Washington denuncia la represión a los opositores del Kremlin, Moscú, por su parte, no se cansa de criticar el nuevo mundo unipolar, del que Irak sería apenas un primer paso.

Son estas fricciones las que han llevado a la prensa de Norteamérica a utilizar un término que ayer Rice rechazaba: el de nueva Guerra Fría. Una exageración, seguramente. Pero no por eso una comparación inútil. No son pocos los paralelismos entre aquella situación de permanente amenaza nuclear y el actual clima de relaciones entre las antiguas superpotencias.


Para empezar, en el centro de los choques diplomáticos se encuentra nada menos que el relanzamiento del proyecto estadounidense de un escudo antimisiles sobre el subcontinente europeo. Aquel mismo proyecto que impulsara Ronald Reagan en la década del ochenta y que llevara a la Unión Soviética a retirarse de la carrera armamentista. El hecho de que años después se pudiera comprobar que toda la iniciativa no había sido más que un engaño, no hace sino trazar aún más paralelos entre aquella estrella de Hollywood devenida presidente, y el actual ocupante de la Casa Blanca, el presidente George W. Bush.

Y es que si la imagen positiva de Bush no para de caer a causa de sus mentiras sobre amenazas terroristas y armas de destrucción masiva en Irak, su impopularidad sólo es comparable a la del ex presidente Reagan, otro gran mentiroso que supo utilizar el miedo a un enemigo, en buena medida ficticio, para arruinar la economía de su propio país y la seguridad del mundo entero.

Pocas personas recuerdan hoy que La Guerra de las Galaxias fue algo más que una película con muchos efectos especiales. Sin embargo, ese fue el nombre con el que se conoció el Escudo Antimisiles con que la administración Reagan puso al mundo, una vez más, al borde de calentar la Guerra Fría. Pero hoy Bush nos refresca la memoria. Y si su iniciativa tiene éxito, cientos de satélites serán lanzados sobre una Europa cuyo único problema actual con Rusia son los precios a los que ésta le vende el gas.

Lejos estamos del antiguo peligro de exterminio nuclear, es cierto. Pero la dinámica del belicismo es la misma: Estados Unidos amenaza con una Guerra de las Galaxias y Vladimir Putin, presidente de Rusia, responde desconociendo las limitaciones del Tratado de Armas Convencionales. Condoleezza Rice tiene razón: no estamos en una nueva Guerra Fría. Razón de más para detener la carrera armamentista mientras aún hay tiempo.

2 comentarios:

BuenaPrensa dijo...

Tomás:

Gracias por el comentario, ahí te lo estoy respondiendo.

Saludos!

manolo dijo...

Muchachos
Gracias por pasar.
Ya tienen el enlace.
¿Cómo llegaron hasta el lugar de un “viejo reaccionario” como yo?
Un abrazo